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Andrea se dio la vuelta poniendo su culo sobre el coño de Bruna, y me atrajo para que la besara. Sus labios me besan sin pasión, siento que está esperando que con el mío le muestre una especie de asentimiento a lo que puede pasar entre las mujeres Para Contactos. La besé, nos besamos como el día anterior cuando fuimos una para la otra, era un beso desesperado, ardiente, agresivo, posesivo. Cada una podía sentir la desesperación de la otra.

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Me quieres, Marijo? Me preguntó con lágrimas en los ojos. Cariño, no ves que estamos juntas? Andrea me abrazó con desespero mientras yo lamia su mujeres Para Contactos y pellizcaba sus tetas.

Su boca besó la mía con pasional adoración, Bruna la tenía agarrada por las caderas y restregaba su coño por el culo de la mujer mujeres Para Contactos ya podía considerar mi amante, aunque sólo hubiéramos estado juntas una mujeres Para Contactos. Sólo hubo besos de labios que no dejaban de buscarse, las tres en una piña de cuerpos que se deseaban, arañazos que ponían a arder nuestra piel en cada espacio que estos se encontraban, mordiscos en los pezones que nos provocaban un mayor deseo, pieles marcadas por el deseo tan salvaje de poseernos, nuestros pechos tamboreando con cada movimiento brusco, pero a la vez coordinado para darnos placer, dedos rozando cualquiera de nuestras zonas erógenas que alcanzaban, gemidos que se intercambiaban por gritos, lenguas mujeres Para Contactos buscaban placer en las mojadas cuevas de nuestros coños. Nos encontrábamos poseídas por bestias que nos ponían a danzar las caderas al compás de nuestras hambrientas pelvis. Andrea y yo restregábamos nuestros coños provocando olas en el agua del Jaquzzi que mojaban sus rubios cabellos al estar ella doblada empujando desde abajo a arriba, y Bruna, que ni mujeres Para Contactos manca ni quería actuar de voyeur del amor frenético de dos mujeres amándose, nos metía una de sus manos por debajo para trastear en los roces y embestidas de nuestras folladas a la vez que me chupaba las tetas casi con voracidad caníbal.